sábado, 31 de enero de 2009

NECESIDAD DE UNA EDUCACIÓN MULTIFACÉTICA


Howard Gardner otorga a la educación una gran importancia: sostiene que es un recurso insustituible para nuestro desarrollo. La vida de hace un siglo, para no hablar de la de hace dos milenios, era muy distinta a la de hoy; y ciertamente crecer en Asia o en África, es muy distinto de crecer en Europa o en Estados Unidos. Sin embargo, sostiene Gardner, el cerebro y la mente del ser humano no han cambiado durante milenios, simples instantes en la historia de la vida: “Básicamente somos iguales que los personajes que aparecen en la Biblia o en el teatro griego. Los logros más destacados del pasado, la filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles; los logros literarios de Sófocles, Esquilo y Eurípides, son el producto de las mentes más elevadas que puedan existir; y obsérvese que sólo he mencionado personas que vivieron en un minúsculo punto del globo: Atenas, unos siglos antes de Cristo” (2000: 277-78).
A pesar de los extraordinarios cambios de épocas recientes, seguimos siendo hermanos cognitivos y emocionales de los seres humanos que vivían en cuevas durante la Edad de Piedra. No obstante, las personas que aún viven con un retrazo considerable pueden hacer una transición exitosa; el ser humano posee una flexibilidad impresionante. Muchas personas, quizá la mayoría, pueden pasar de una cultura de tecnología sencilla, a otra dominada por máquinas que pueden alterar radicalmente nuestro sentido del tiempo, el espacio y las capacidades humanas. Cualesquiera que sean sus limitaciones, el cerebro y la mente se pueden adaptar a una asombrosa variedad de ecologías y normas culturales.
Esta es, en pocas palabras, la situación a la que se enfrentan los educadores del mundo entero. En cierto sentido todos los seres humanos poseen el mismo cerebro, la misma mente, el mismo cuerpo; toda la especie comparte ciertos programas, capacidades e incapacidades. Al mismo tiempo, como consecuencia de los caprichos de la historia y la geografía, los seres humanos nacen en condiciones extremadamente variables; y están sometidos a la influencia de normas y valores que también presentan una gran diversidad. Los educadores deben ser conscientes de estas limitaciones universales, a fin de educar a sus estudiantes para que puedan integrarse en su propia sociedad en un momento histórico concreto, y para que puedan transmitir sus principales prácticas a las generaciones posteriores.
Los enormes cambios actuales que afectan al planeta, complican todavía más esta tarea. Es preciso estar preparados para vivir una existencia cuyos contornos no se pueden prever, pero no carecemos de recursos. Las grandes visiones de mundo que pueden ayudarnos, se encuentran ya disponibles y se han acumulada a través de los siglos. Como apoyo en esta difícil aventura educativa, Gardner ha elegido tres antiguos fundamentos: lo que es verdadero o es falso, lo que es bello y lo que no lo es, y lo que es bueno y lo que es malo. Es importante que una cultura identifique las verdades, las bellezas y las virtudes que valora; y dedique esfuerzos para enseñarlas a sus niños y jóvenes. Una cultura debe reconocer que las virtudes siempre están en proceso de redefinición, y que esto obliga a cada persona a llegar a su propia síntesis.
Con todo, hay dos consideraciones que complican esta tarea. En primer lugar, la comprensión es muy difícil de lograr y los obstáculos para su consecución son enormes. En segundo lugar, cada persona posee su propia mentalidad y se representa la información y el conocimiento a su manera. Para que la educación del futuro tenga éxito para un mayor número de personas, debe reconocer y tener en cuenta algunas consideraciones: “Mi intención es hacer que las diferencias individuales se conviertan en aliadas de nuestra educación en lugar de ser obstáculo para ella. Si dedicamos tiempo a temas importantes, los podremos abordar mediante varias vías de acceso, podremos emplear diversas analogías e incluso podremos expresar las ideas fundamentales en varios lenguajes modelo. El resultado de una educación multifacética como ésta debe ser que los estudiantes comprendan estos temas de una manera más profunda o, por lo menos, un poco más sólida. Y también tendrán una noción del significado, de la sensación, de comprender temas trascendentales. Por lo menos, tendrán una noción de lo que es una mente disciplinada” (2000: 280).
Esta noción constituye un hito fundamental; a partir de aquí los estudiantes podrán aplicar su comprensión a otros asuntos y problemas de su propia cultura o de otras distintas. Al final, habiendo probado el dulce fruto de la comprensión, podrán sentirse motivados para seguir siendo buscadores de conocimiento, y quizás incluso creadores de conocimiento, durante el resto de sus vidas.

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